Opinión
La transición energética no admite más retrasos
Cada verano sin un plan ambicioso encarece la factura y agrava la emergencia climática. El acuerdo europeo es una oportunidad que no podemos desperdiciar.

El acuerdo alcanzado esta madrugada en Bruselas es, sobre el papel, la noticia más importante del año en materia climática. Sobre el terreno, todo dependerá de lo que ocurra en los próximos dieciocho meses.
He escuchado demasiadas veces la palabra “histórico” aplicada a cumbres que acabaron en fotografía. Esta vez hay razones para el optimismo moderado: el fondo común de 300.000 millones financia por fin a quien más lo necesita, y no solo a quienes ya tenían redes eléctricas preparadas.
Pero el diablo está en los plazos. Multiplicar la capacidad renovable en menos de una década exige agilizar permisos que hoy tardan más que las propias obras. Si los Gobiernos no reforman sus burocracias con la misma velocidad que negocian communiqués, seguiremos escribiendo este mismo editorial dentro de cinco años.

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