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Inversión 2026: el motor que todavía no arranca

La inversión real cayó 5,4% interanual en agosto y acumula un retroceso de 7,9% en los primeros ocho meses del año. Construcción y maquinaria continúan en terreno negativo. Sin embargo, apareció una primera señal de alivio: frente a julio, la inversión creció 1,2% desestacionalizada, impulsada por los equipos importados y por las primeras ejecuciones vinculadas al RIGI.

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Redacción

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Inversión 2026: el motor que todavía no arranca
caida de la inversion
La inversión sigue siendo uno de los puntos débiles de la economía argentina. El último Índice de Inversión Bruta Interna Mensual (IBIM), elaborado por el Centro de Estudios Económicos de Orlando J. Ferreres & Asociados, mostró que la inversión real cayó 5,4% interanual en agosto y acumuló una contracción de 7,9% durante los primeros ocho meses de 2026.

El dato adquiere mayor dimensión porque no se trata de una medición nominal afectada por los precios: el indicador busca medir el volumen físico de la inversión, descontando el efecto inflacionario. En otras palabras, lo que disminuyó fue la cantidad real de recursos destinados a ampliar la capacidad productiva mediante construcción, maquinaria y equipos.

Ferreres estimó que durante agosto se invirtieron alrededor de US$7.515 millones, equivalentes aproximadamente al 18,6% del Producto Bruto Interno.

Diez meses en terreno negativo

El problema no parece ser únicamente la magnitud de la caída de agosto, sino su persistencia. El indicador acumula diez meses consecutivos de retrocesos interanuales, mientras que durante enero-agosto la disminución alcanzó el 7,9%.

La comparación con julio, sin embargo, introduce un matiz importante.

En términos desestacionalizados, la inversión aumentó 1,2% mensual en agosto, interrumpiendo dos meses consecutivos de retrocesos. Por eso, la fotografía económica contiene dos movimientos simultáneos: el nivel de inversión continúa por debajo del registrado un año atrás, pero agosto mostró una recuperación respecto del mes inmediatamente anterior.

No es todavía un cambio de tendencia confirmado. Pero tampoco es un dato menor.

Construcción: la principal señal de alarma

La construcción volvió a convertirse en uno de los componentes más débiles.

Durante agosto, la inversión en construcción cayó 7,1% interanual y retrocedió 2,9% respecto de julio en términos desestacionalizados. En los primeros ocho meses del año acumula una contracción del 3,6%.

El comportamiento resulta especialmente relevante porque la construcción tiene efectos que exceden al propio sector. Demanda cemento, acero, vidrio, transporte, servicios profesionales y una extensa red de proveedores, además de tener una elevada incidencia sobre el empleo.

Ferreres advierte que este componente todavía no consigue consolidar un sendero de recuperación.

Las máquinas tampoco alcanzan

El segundo componente central del indicador también permaneció en rojo.

La inversión en maquinaria y equipos disminuyó 4,1% interanual en agosto. Dentro de ese universo, los equipos fabricados en el país retrocedieron 5,3%, mientras que los importados registraron una baja interanual de 3,1%.

La fotografía acumulada resulta todavía más contundente: entre enero y agosto, la inversión en equipos durables de producción cayó 11,4%.

Pero nuevamente aparece una diferencia significativa cuando se abandona la comparación interanual y se observa qué ocurrió entre julio y agosto.

Los equipos durables de producción crecieron 4,7% mensual, fundamentalmente por el salto de 10,6% en los equipos importados. Los nacionales, en cambio, disminuyeron 2,5%.

Esa divergencia puede transformarse en una de las claves para seguir durante los próximos meses.

El RIGI empieza a aparecer en las importaciones

Parte del movimiento de agosto está relacionado con proyectos incluidos en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

Según datos citados por Ámbito del economista Federico Bernini, del IIEP-UBA, las importaciones asociadas al régimen alcanzaron aproximadamente US$140 millones durante agosto, el mayor registro mensual desde su puesta en marcha.

Esto introduce una distinción fundamental para interpretar el debate sobre las inversiones.

Anunciar una inversión no equivale a ejecutarla. Aprobar un proyecto tampoco significa que todo el capital comprometido ingrese inmediatamente en la economía.

Entre ambos extremos existe una cadena:

ANUNCIO → APROBACIÓN → FINANCIAMIENTO → IMPORTACIÓN DE EQUIPOS → CONSTRUCCIÓN → EJECUCIÓN → INVERSIÓN REAL

El interrogante económico pasa, por lo tanto, por la velocidad con que los proyectos anunciados se conviertan efectivamente en máquinas, obras e infraestructura.

La propia consultora considera que los proyectos vinculados al RIGI podrían comenzar a compensar la menor inversión manufacturera, aunque advierte que el ritmo efectivo de ejecución continúa siendo incierto.

Una economía de dos velocidades

Aquí aparece posiblemente la cuestión estructural más interesante del informe.

Los grandes proyectos energéticos, petroleros y mineros pueden generar importantes volúmenes de inversión y exportaciones. Pero su comportamiento no necesariamente refleja lo que ocurre simultáneamente con la construcción, las manufacturas o las inversiones de empresas pequeñas y medianas.

Fausto Spotorno, director del Centro de Estudios Económicos de Ferreres, describió públicamente esa heterogeneidad: señaló un mejor comportamiento de oil & gas, expectativas sobre minería y agro y, al mismo tiempo, dificultades importantes en construcción.

Por eso, uno de los indicadores relevantes hacia adelante será no solamente cuánto capital ingresa, sino qué tan extendida sectorialmente resulta la recuperación de la inversión.

El dato positivo escondido detrás del rojo

El informe no permite concluir que la inversión ya se esté recuperando de manera sostenida. Sí permite identificar una posible señal de estabilización.

La caída interanual de agosto, de 5,4%, fue menor que el retroceso de 8,4% registrado en julio. Simultáneamente, la serie desestacionalizada avanzó 1,2% mensual.

Son dos datos diferentes y deben leerse juntos.

La comparación interanual dice que Argentina todavía invierte menos que hace un año.

La comparación mensual dice que agosto fue mejor que julio.

Para hablar de una recuperación más consistente será necesario comprobar si esa mejora mensual se mantiene durante los próximos registros y, particularmente, si comienza a extenderse hacia la construcción y la maquinaria nacional.

La inversión como prueba del modelo económico

La cuestión excede un indicador mensual.

La inversión representa la creación de capacidad productiva futura. Una economía puede atravesar períodos de recuperación del consumo o de determinados sectores sin que inmediatamente aumente la formación de capital. Pero sostener un proceso prolongado de crecimiento requiere ampliar capacidad productiva, infraestructura y equipamiento.

Por eso, el IBIM funciona también como un termómetro de las expectativas empresariales.

Las empresas invierten cuando consideran que existirá demanda, cuando encuentran financiamiento y cuando el retorno esperado justifica inmovilizar capital durante varios años. Tasas de interés, estabilidad macroeconómica, condiciones regulatorias, expectativas políticas, acceso al crédito y perspectivas de crecimiento terminan confluyendo en esa decisión.

La paradoja de agosto

El informe de Ferreres deja así una fotografía económica menos lineal de lo que sugiere el primer número.

La inversión cae 5,4% contra agosto de 2025, pero aumenta 1,2% contra julio de 2026.

La maquinaria retrocede 4,1% interanual, pero los equipos durables aumentan 4,7% respecto del mes anterior.

La construcción cae 7,1%, mientras las importaciones de equipos vinculadas a grandes proyectos comienzan a ganar volumen.

No hay contradicción entre esos datos. Hay una economía atravesando una transición cuya dirección todavía debe confirmarse.

El verdadero examen comienza ahora

Los próximos meses permitirán comprobar si agosto fue apenas un rebote estadístico o el comienzo de una recuperación más amplia.

El punto decisivo estará en determinar si las grandes inversiones anunciadas pasan de los proyectos y las aprobaciones a la ejecución efectiva, y si ese movimiento consigue extenderse más allá de energía y minería hacia construcción, industria y otros sectores productivos.

Ferreres espera una moderación gradual de la caída si mejoran la actividad y las condiciones macroeconómicas, pero mantiene cautela respecto de la velocidad de ejecución de los proyectos.

Ese parece ser el verdadero desafío que dejan los números de agosto.

Argentina no enfrenta solamente el problema de atraer inversiones.

Enfrenta otro, posiblemente más importante: transformar expectativas, anuncios y proyectos en capital productivo efectivamente instalado.

Y allí está la cifra que habrá que observar en los próximos meses.

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