Argentina
El peronismo vuelve a ocupar el centro del tablero
El peronismo mueve primero: busca cercar a Milei en el Congreso y reconstruir una mayoría opositora
Discapacidad, endeudamiento familiar y el DNU 70/23 confluyen en una misma ofensiva parlamentaria. Unión por la Patria intenta recuperar la iniciativa, articular a los bloques críticos y obligar al Gobierno a discutir una agenda que no controla. La sesión del 15 de octubre será una prueba para una estrategia más ambiciosa: demostrar que el peronismo puede volver a convertirse en el eje de una mayoría política alternativa a Javier Milei.

Hay una lectura política que empieza a emerger detrás de la sesión del 15 de octubre: el peronismo encontró una oportunidad para recuperar iniciativa parlamentaria y convertirse en articulador de una oposición que excede largamente sus propias fronteras.
La jugada encabezada por Unión por la Patria busca reunir en una misma convocatoria a sectores que mantienen diferencias profundas entre sí. El objetivo político no es menor: transformar la fragmentación opositora en una mayoría parlamentaria capaz de condicionar la agenda de la Casa Rosada.
Para el peronismo, ése puede ser el principal rédito incluso antes de que comience la sesión.
Después de buena parte de la presidencia de Javier Milei respondiendo a iniciativas surgidas del Poder Ejecutivo, ahora intenta invertir la dinámica: fijar el día, establecer el temario y obligar al oficialismo a defenderse dentro del Congreso.
Y eligió tres asuntos con capacidad para atravesar las fronteras partidarias.
La discapacidad introduce la discusión sobre la protección social y la responsabilidad estatal. El endeudamiento familiar lleva al recinto la situación económica de los hogares. Y la discusión sobre la Ley de Tierras permite recuperar el debate sobre soberanía nacional y conectarlo directamente con el futuro del DNU 70/2023.
Pero detrás de esos tres expedientes aparece una disputa todavía mayor.
El peronismo intenta reconstruir desde el Congreso algo que necesita para volver a disputar poder: una mayoría política que vaya más allá del propio peronismo.
No necesita que todos esos sectores se conviertan en aliados permanentes. Para esta batalla le alcanza con conseguir que fuerzas diferentes encuentren intereses comunes frente a determinadas decisiones del Gobierno.
Ahí reside la apuesta: transformar al bloque peronista en un punto de articulación entre sectores opositores, fuerzas provinciales y diputados dialoguistas.
Todavía falta lo decisivo: los votos.
Conseguir el quórum no garantiza después una mayoría idéntica para discapacidad, morosidad y el DNU. Cada asunto tendrá su propia negociación y su propia correlación de fuerzas.
Por eso, el 15 de octubre será también una prueba sobre quién tiene capacidad para construir mayorías en una Cámara fragmentada.
Y allí aparece la oportunidad política del peronismo.
Si consigue abrir el recinto y articular mayorías alrededor de algunos de los puntos convocados, podrá exhibir una capacidad fundamental para cualquier fuerza que pretenda volver al gobierno: salir de sus propios límites, negociar con sectores diferentes y transformar una primera minoría en el núcleo de una mayoría parlamentaria circunstancial.
La coincidencia con la movilización universitaria agregará otra imagen políticamente significativa.
Mientras dentro del Congreso se discutirán discapacidad, endeudamiento y uno de los decretos fundamentales de la primera etapa de Milei, afuera volverá a expresarse el conflicto por el financiamiento universitario.
Congreso y calle volverán así a encontrarse en una misma fotografía política.
Para el peronismo, el desafío será transformar esa fotografía en construcción política.
Porque detrás de la discusión sobre el DNU 70, la discapacidad y las deudas familiares empieza a insinuarse una pregunta de mayor alcance: quién puede articular a los distintos sectores opositores y construir una alternativa frente al Gobierno.
El 15 de octubre todavía no tiene un resultado escrito.
Pero el peronismo ya consiguió un movimiento políticamente relevante: colocar una agenda propia en el centro del Congreso y obligar al oficialismo a discutir sobre un terreno definido por la oposición.
Ahora viene la prueba definitiva.
Convertir la iniciativa política en 129 bancas ocupadas. Y después, convertir esas bancas en votos.



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